Se miraron fijamente y un mundo aparte se cerro a su alrededor. Su distancia hacia que uno confundiera la escena, pero para mí, viéndolos desde un banco cercano, estaba todo muy claro. Alguna gente me dice que soy perceptivo, no se si existe esa cualidad en una persona, no lo veo como algo particular, creo q solo presto atención a los detalles. Aún cuando el siguió caminando, los ojos de ambos se mantuvieron fijos, como los de ella. La mirada se agudizo, se torno acusadora, buscaron la razón para negarse a lo que sabían estaba por venir. Se noto cierto nerviosismo en ella, se sintió pequeña, insignificante, irónicamente, tal sentimiento se repetía en él. Sus miradas descansaron, no dejaron de mirarse, pero se ablandaron y se dejaron llevar, en un mismo momento, ambos bajaron los ojos hasta sus propios pies, asumiendo su pequeñez, avergonzándose por su osadía al mantenerse mirando fijo, luego, ambos volvieron a mirarse. La cara de la mujer ofrecía un brillo especial, de esos que demuestran un cambio, su mirada ya no era aguda como antes, y más bien era mansa, cálida. El seguía caminando aún con sus miradas enredadas, su boca ahora dibujaba una sonrisa, pequeña, tímida, pero definitivamente lo minúsculo del gesto demostraba la enorme alegría que albergaba. Sentí algo frio en mi brazo, mire a mi mesa para darme cuenta que acababa de tirar mi copa de vino, la recogí, puse una servilleta contra mi brazo y volteé. Su mirada se había vuelto a enfocar en el plato que tenia enfrente y el ya había terminado de pasar.
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