lunes, 30 de junio de 2008

Fog.

8 de Junio, 2007

Mi conocimiento del asunto me hacia saber que a 100 metros lo que veía no eran luces que se movían al azar, si no con un patrón de comportamiento marcado, aunque impredecible, por el comportamiento humano en si. Otras tantas actuaban de forma automatica y no eran tenidas en cuenta por la poblacion en ese momento.

El camino no era distinto a otros días, aunque las circunstancias pedían mayor precaución y solicitaban atencion por parte del presente. El cartel que anunciaba la salida a los 400 mts era dificilmente visible a 50, y la salida no estaba ahi, no sin adquirir la distancia necesaria.
La cercanía a la misma me asusto, el camino era borroso y gotas de agua empezaron a aparecer sobre mi, del aire, sin caer de ningún lado.

El pensamiento de la imagen y un singular relato en mi cabeza me hizo olvidar por un momento el camino que estaba tomando, el cual recordé solo a unos pocos metros de la curva que solía recorrer en días tales. La luz que suele requerir cierta precaución descanso mas de lo normal, para mostrarse, agrandada, opacada y difusa solo en una cercanía inmediata, que hacia de su requerimiento, inútil.

Sin embargo la imagen del camino por recorrer fue de las mas hermosas que obtuve de una no-naturaleza muerta, ni no muerta. Tal como las luces de un color dorado, opacado por la suciedad, hacían parecer que el día no se había retirado y que había vuelto para acompañarme en las horas en que la oscuridad asusta a los ciegos.

Una Hermosa noche de niebla sobre Buenos Aires.

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