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Ojos bien cerrados.
25 de Junio, 2008
Vi desde el abismo la cornisa y entendí que no había forma de volver. No entendía lo que mis ojos veían, no entendía lo que debían ver, lo que querían descubrir. Note en un momento el aire haciéndose fino, para luego hacerse grueso lo suficiente como para no poder respirarlo. Abrí los ojos. Memorias pasaron frente a mi, gente que nunca volvería a ver, o que vería más seguido desde ese momento. Abrí los ojos. El tiempo se detuvo, pude en un segundo observar como lo que me rodeaba era artificial, un segundo eterno, un segundo del que no pasaría. Abrí los ojos. Vi la perfección en la naturaleza, en lo que había dejado de lado, vi la perfección en lo molesto, vi la perfección en lo imperfecto. Recorrí en ese segundo un paisaje incomparable, un paisaje donde se encontraban testamentos, donde se escuchaba el silencio, donde se veían las palabras, donde se sentían los colores. Abrí los ojos. Reviví sensaciones, reviví en mi interior y lo exprese externamente, el estático alrededor se agitaba caóticamente, se veía y se vivía, se sentía, se disfrutaba, como aquella vez. Seguí buscando mi razón, y seguí abriéndome lugar entre las ramas del árbol que me cubría del viento, hasta que el viento llego a mí y sentí inútil mi esfuerzo anterior. Imágenes dibujadas, acuarelas empañadas en el vidrio, inexistente superficie del momento, inexistente el correr del tiempo e inexistente el oleaje que llevaba mi mente al lugar donde debía sentarse para controlar. Abrí los ojos, y los volví a cerrar.
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