lunes, 30 de junio de 2008

La ironia de la ausencia.

9 de Junio, 2007

Salí de mi casa, el despertar fue costoso. Tras luchas internas, vueltas y un baño, me había decidido a hacerlo.

No era un día muy distinto a los anteriores, aunque la temperatura era notoriamente menor y algo en el aire me irritaba la respiración. Camine las calles obligadas, para olvidar el camino de regreso y mi andar se volvió aleatorio. Cien metros para la derecha, trescientos para la izquierda y otros cien en diagonal por un pequeño intento de avenida.

Tras varios minutos había perdido la cuenta y me encontraba vagando por lugares desconocidos para mi.

El aire parecía limpio, como el que debería respirarse en todos lados, pero la resignación lo hace a uno menos demandante al respecto y se conforma con respirar metales, alcalinos y ácidos. El otoño había de cierta forma opacado también estas calles, aunque mostraban un color y una luz difícil de encontrar en otras. Fuera de eso, aparentaba ser un barrio normal.

El camino lentamente se torno oscuro, algunos tímidos faroles intentaban, sin éxito, alumbrar el próximo paso a dar, pero ya desconocía lo que pisaba, pues las estrellas y la luna no habían descifrado como hacer pasa su luz a través de los arboles, que nuevamente a pesar de estar bien avanzado el otoño, parecían no verse afectados por el mismo y mostraban orgullosos sus hojas y su frondosidad.

Por un momento me sentí un niño nuevamente, explorando lo desconocido y abriéndome nuevos caminos, aunque visiblemente, el hombre ya había pisado este, que ya no era un terreno virgen. Sin embargo el dirigirse a ningún destino en particular ya parecía una rutina, la falta de destino mismo lo hacia poco rutinario. El presente camino por otro lado ofrecía algo que no había encontrado en los anteriores, pero tampoco lograba descifrar.

Note como la ya baja temperatura pretendía descender mas y me asusto la falta de abrigo, no esperaba en un principio ausentarme tanto de mi hogar pero algo en esas calles me había atrapado y me obligo por un momento a seguir caminando. Tras dudarlo un momento decidí emprender la vuelta. Nuevamente recordé no ser consciente de mi paradero por lo cual decidí hacer lo planeado y lo practicado en otras ocasiones, caminar hacia el este, donde encontraría alguna guía, alguna avenida de importancia y simplemente trate de leer entre la oscuridad esos carteles con nombre que tanto había intentado ignorar, en mi ida a ningún lado.

El regreso fue largo, y frío, pero finalmente llegue a mi habitación, para poder desvestirme y acostarme. Nunca supe que fue lo que me atrapo tanto de las calles recorridas, tampoco las pude volver a encontrar, aunque no tenia sentido hacerlo. Supongo que uno no puede entender siempre las cosas, como no puede encontrar lo que nunca perdió.

1 comentario:

Leila dijo...

ya te dije en una oportunidad que estas en una etapa reflexiva, desconocida para el nacheeto que todos creemos conocer. la gente nos sorprende y creo que te sorprendes vos mismo escribiendo cosas como esta:
Supongo que uno no puede entender siempre las cosas, como no puede encontrar lo que nunca perdió.
tiene ciertos aire de melancolia y ausencia, cierta extrañez (tal vez inventé esa palabra) y mas de ignacio que de nacheeto.
hoy cumplo años, pero tambien cumplo promesas,. por eso vengo y te leo. me sorprendes gratamente